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14 jun. 2011

Amor a tres bandas...

Un favor, dos amores

Era una calurosa tarde de verano. El campamento acababa de empezar. Cristina estaba sentada a la sombra de un árbol leyendo un libro que la traía muy fascinada. Estaba llegando a la parte mejor de la historia justo cuando oyó que se acercaban unos pasos sigilosamente. Eran Diego y Sergio que llegaban con unas caras entre alicaídos y pícaros, un poco preocupados y juguetones. Diego fue el primero en hablar:
- Cristina… si te pedimos un favor, ¿nos ayudarías?
- Depende de lo que me pidáis.
- Es solo un favor en calidad de amigo que requiere algo más.
- ¿Qué? No te entiendo.
Diego se lo explicó. Comenzó diciendo que a él le gustaba una chica del campamento, Laila, desde hacía tiempo; pero no sabía cómo llamar su atención porque eran muy buenos amigos, él quería que fuera algo más y la niña no se daba cuenta. Entonces como a su amigo Sergio no le gustaba verlo así, se le ocurrió la típica idea que sale en las películas y culebrones de darle celos a “su enamorada” haciendo como que sale con otra persona. Y habían pensado que Cristina, puesto que era también una buena amiga de Diego, estaría dispuesta a ayudarlo dándole celos a Laila fingiendo que son novios.
A Cristina no le hizo nada de gracia aquella petición, pero los dos chicos se lo pidieron con unas caritas tan lindas que no se pudo resistir y aceptó.
No había tiempo que perder. Solo quedaban nueve días de campamento y tenían que ponerse manos a la obra. Sergio instruyó un poco a Cristina acerca de lo que tenía que hacer, decir y cómo tenía que actuar cuando estuviera delante de Laila con y/o sin Diego. Con lo cual ella y Sergio pasaron mucho tiempo juntos. Y durante ese período descubrieron que tenían mucha química, cosas en común y de más.
El plan marchaba muy bien. Lo que Cristina le contaba a Sergio luego se lo decía a Diego para que tuvieran tema de conversación cuando pasasen o estuvieran cerca de Laila. Lo que Cristian le contaba era entretenido y encantador. Eran cosas de ella, sus sueños, sus proyectos, sus aficiones, etc. Después él le contaba los suyos, al igual que Sergio.
Y así entre risas y miradas a tres bandas se fue pasando el campamento, día tras día, noche tras noche, Cristina, al calor de sus dos amigos. Pero lo que ninguno de los tres sabía era que la cosa sin comerlo ni beberlo se estaba poniendo muy complicada. Solo cayeron en la cuenta de lo que realmente estaba pasando la última noche antes de regresar a casa.
Fue en la hoguera del campamento. El plan había funcionado. Entre los tres lograron que Laila se pusiera mega celosa de Cristina, de que le hubiera robado a Diego, de que pasase tanto tiempo con él, de que se cogieran de la mano a todas horas, de sus miraditas acarameladas, etc. Pero para entonces a Diego ya se le había olvidado el por qué de todo eso, al igual que a Sergio. Ya ni se acordaban de a quién tenían que poner celosa. El plan funcionó demasiado bien. Pasó de ser todo fingido a ser todo sentido.
Laila se levantó de repente en medio de todos, morada de envidia, y se dirigió hacia Diego.
- ¿De qué vas chaval?
- ¿Cómo? Es mi novia y lo sabes.
- ¡De eso nada! Ella nunca te gustó. ¿Por qué de repente en el campamento sí?
Ante esa acusación Diego no supo qué contestar y lo confesó todo:
- […] Pero la cosa fue mucho más lejos y desde hace cuatro días más o menos que no finjo. Ahora solo quiero estar con ella, porque cuando está lejos es como si se llevase mi calor, la chispa que arde en mí solo ella la mantiene encendida cuando estamos juntos. Y cuando se va todo pierde importancia, me congelo y me pierdo. Lo siento, jamás pensé que esto llegará tan lejos. –Dijo mirando a Cristina y a Sergio.
A ella se le iluminó el rostro, sentía algo parecido.
Entonces el que se puso celoso fue Sergio.
- ¡Eres un traidor! Ayer te confesé mis sentimientos por Cristina. ¡Y no me dijiste que sentías lo mismo que yo por ella!
- ¡¿Qué?!- Exclamó Cristina atónita, sin dar crédito a lo que oía. Pues su corazón ahora estaba dividido en dos.
Su corazón se envolvió de una fogosidad que nunca había sentido. Estaba segura, se había enamorado de estos dos chicos. Ambos habían vivido exactamente lo mismo, con los dos había pasado mucho tiempo intercambiando confidencias.
A los dos chicos les había cautivado al instante de conocerla bien a partir de cuando ella les habló de sus más ansiados anhelos. Cuando hablaba de sus deseos a ella se le iluminaba la mirada con una expresión extraviada en el horizonte, observando una utopía jamás imaginada por nadie.
Lo que había comenzado como un favor que se les hace a dos amigos. Acabó como una tragedia de Shakespeare.
Cristina no podía elegir entre Diego y Sergio. Digo ya no sentía nada por Laila ahora que ya la tenía comiendo de la palma de su mano. Sergio se había enamorado de una chica con la que jamás imaginó sentirse así. Nadie supo qué hacer a partir de ahí.
Y el final de esta historia… bueno, el tiempo lo dirá.

4 comentarios:

  1. ALA ALA ALA INCREÍBLE DE VERDAD, ME HA ENCANTADO.
    Espero que no me ocurra eso nunca porque la situación tiene que ser un poco embarazosa.
    Un besazooooooo!

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  2. Un blog precioso :)
    Te sigo.
    un saludo!

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