El otro día iba caminando por la calle y vi a un hombre que me llamó la atención y me hizo pensar.
¿Que qué era lo que lo hacía especial?
Era viejo. Estaba encorvado. A penas se sostenía sobre su bastón. Y en el momento en que pasó por mi lado me puse a pensar cómo seré yo a su edad.
¿Aún viviré?
¿Podré seguir caminando?
¿Tendré nietos?
¿Viviré sola?
¿Habré sido feliz?
¿Lo seguiré siendo?
¿Seguiré teniendo deseos de vivir o querré desaparecer de una vez por todas?
Estas y muchas preguntas más se me pasaron por la cabeza al pensar en mí como una anciana. Por el momento sé que no tienen respuesta y que es una pérdida de tiempo pensar de esa manera en el futuro cuando primero hay que vivir y disfrutar del presente. Pero no sé... me pica la curiosidad. Jeje. Porque, como he dicho antes, ese hombre es especial.
¿Por qué?
Por haber llegado tan lejos y seguir adelante (caminando) abriéndose paso por la oscuridad (era de noche).
De mayor quiero ser como él.
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Al escribir esto me he acordado de una canción de Mª Isabel que trata sobre los retales de la vida de su abuelo que ha descubierto gracias a su vieja maleta que los guardaba.